Por Berny Diaz
En el mundo de la bachata se ha vuelto cada vez más común ver a ciertos artistas divulgar cifras irreales sobre los supuestos contratos que reciben. Hablan de 7, 8, 10 millones de pesos como si fueran números del diario vivir.
Pero detrás de esas “grandes sumas” hay una verdad incómoda: muchas de estas noticias no pasan de ser estrategias de mercadeo disfrazadas de éxito.
La realidad es que varios bachateros están creando falsas noticias sobre pagos millonarios en discotecas y eventos privados.
Una práctica que no solo confunde al público, sino que también pone en duda la transparencia del sector artístico.
Si de verdad esos montos fueran ciertos, sería más que razonable que la DGII se interese por estas declaraciones tan generosas que hacen ellos mismos y sus equipos.
Pero la contradicción es aún mayor: mientras en redes sociales presumen contratos de ensueño, muchos de esos mismos artistas pagan sueldos de miseria a sus músicos.
Sus líderes y “jefes” proyectan una imagen de grandeza económica, pero puertas adentro mantienen a sus bandas con pagos que no se parecen en nada a esos millones que dicen facturar.
Si tanto se habla de cifras millonarias, entonces también esperamos que los músicos —los que realmente sostienen el show— reciban una paga digna, justa y proporcional a ese supuesto éxito.
La bachata merece transparencia. Y los músicos, respeto.