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EL BALLET FOLKLÓRICO Y LA RUPTURA DE LOS PREJUICIOS.

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Por Carlos Mejía Blanco.

La cultura popular no necesita renunciar a sus raíces para llegar a los grandes escenarios; necesita que esos escenarios reconozcan el valor de sus raíces.

En Santiago surgieron agrupaciones como Yucayeque, impulsada por Domingo «Sosa Yeyo» desde el Club Pueblo Nuevo; Areíto, vinculada a Hoya del Caimito y creada por el propulsion Frank Capellan de Pueblo Nuevo y el profesor Rafael Almanzar, hoy director de Casa de Arte, y Cibao. Estas experiencias contribuyeron a que las manifestaciones populares encontraran espacios de organización, aprendizaje y difusión.

El folclore no nació en los escenarios refinados. Sus raíces estan en las prácticas ancestrales, en el sincretismo religioso, en los ritmos vernáculos y en las manifestaciones cotidianas de una sociedad que ha construido su identidad a través de la convivencia de distintas herencias culturales.

400 años después , comenzaron a cobrar fuerza los movimientos folclóricos barriales. Su aparición representó una forma de reivindicación cultural que no dependía exclusivamente de los grandes escenarios ni de las instituciones tradicionales de formación artística.Los que asumieron la responsabilidad de investigar, conservar y difundir las expresiones culturales del pueblo fueron autodidactas.

Entre sus exponentes se encontraban Yeyo Sosa, William Alemán, Eligio Pérez , Fradique Lizardo y Rafael Almanzar, protagonistas de una experiencia que encontró en los clubes y las organizaciones comunitarias sus principales espacios de desarrollo.

El merengue, la mangulina, el carabine, y los atabales forman parte de ese universo de expresiones que los grupos folclóricos llevaron a nuevos espacios de representación. Los clubes barriales se convirtieron así en algo más que lugares para la recreación deportiva.

Fueron escenarios de formación cultural, de encuentro comunitario y de afirmación de la identidad. Desde esos espacios, los jóvenes tienen la oportunidad de conocer y representar expresiones que durante mucho tiempo han sido consideradas inferiores frente a otras manifestaciones artísticas.

La cultura popular nos recuerda que el arte no pertenece únicamente a las instituciones ni a quienes tienen los recursos para acceder a ellas. También se construye en los patios, los clubes, las calles, las fiestas populares y los espacios donde la gente comparte sus conocimientos sin esperar el reconocimiento de las academias.

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