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Del desorden a la confianza: el nuevo rostro del baloncesto superior de Santia

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Por Jonathan Flores

El recién concluido torneo de baloncesto superior de Santiago dejó algo más que campeones y estadísticas: dejó claro que este deporte está viviendo una transformación real. Y no es casualidad. Detrás de ese cambio hay trabajo, visión y, sobre todo, compromiso.

Durante años, hablar del baloncesto superior en Santiago era, para muchos, sinónimo de desorden. Ir a un juego podía convertirse en una experiencia tensa, incluso riesgosa. Los conflictos en las gradas y en la cancha opacaban el talento de los jugadores y alejaban a familias completas de los techos. Era una realidad que, lamentablemente, también se repetía en otros pueblos del país.

Hoy el panorama es distinto, y hay que decirlo sin rodeos: la gestión de los hermanos Aracena ha sido clave. Robinson y José Luis no solo entienden el juego desde la cancha, sino también desde la responsabilidad que implica dirigir y organizar. Han asumido el baloncesto como un proyecto serio, con reglas claras y una estructura que prioriza el respeto, el orden y la calidad del espectáculo.

La Asociación de Baloncesto de Santiago (ABASACA) ha pasado de ser cuestionada a convertirse en un referente. Eso no se logra de la noche a la mañana. Es el resultado de decisiones firmes, de rodearse de un buen equipo de trabajo y de apostar por un modelo que dignifica el deporte. Hoy se puede ir a un juego con tranquilidad, disfrutar en familia y enfocarse en lo que realmente importa: el talento y la competencia.

Este avance no solo beneficia a los jugadores o a los organizadores. Impacta directamente en la comunidad, en los jóvenes que ven en el baloncesto una oportunidad y en una ciudad que recupera uno de sus principales espacios de encuentro.

Falta camino por recorrer, claro que sí. Pero lo logrado hasta ahora merece reconocimiento. Cuando las cosas se hacen bien, también hay que decirlo. Santiago hoy tiene un baloncesto superior a la altura de su gente. Y eso, sin duda, es motivo de orgullo.

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