
Por Daniela Cruz Gil
Madrugar no es un talento: es una decisión. Y para llegar a tiempo al Santuario Nacional del Santo Cristo en Bayaguana es indispensable tomar la autopista Duarte en la madrugada si sales del Cibao.
El trayecto se llena de avemarías, cantos religiosos y café comprado en la Cumbre, porque no es un viaje cualquiera. Se trata de una peregrinación rumbo al templo inaugurado en agosto 2020, con la intención de participar en la misa dominical de las 10 de la mañana.
El sueño hace cabecear a algunos y atormentar a otros porque la carretera rumbo al municipio fundado por las devastaciones de Osorio es irregular, estrecha y serpenteante.

La edificación contemporánea es única en gestión energética y acceso: la cruz de vidrio que cubre el techo genera energía y el trayecto hacia la imagen que data de los años 1600 es una rampa que todos pueden transitar sin peligros.
Los motivos de Cristo aparecen por todos lados: Cristo enterrado, la cruz de metal con el Cristo crucificado, construida por el escultor José Ignacio Morales “El Artístico”, fallecido meses antes víctima del covid. El silencio de la zona invita al recogimiento, porque todavía el mercado no ha arropado el contorno. Los vitrales recogen escenas de la vida del Señor y alegran la vista que combina con la cruz del techo, los árboles y las ramas. Motivos de peces adornan los bancos para acomodar casi dos mil personas, y se vinculan con la leyenda del cuadro que apareció en el mar hace más de 400 años.

Con puntualidad suiza, la eucaristía inicia y la bienvenida es cálida e intencionada, se saben punto de peregrinación y así lo indican a todos los peregrinos en cada momento de la ceremonia litúrgica.
La tienda de artículos religiosos permite llevarse un recuerdo del madrugón intencionado y acercar un poco de la divinidad a través de su simbología. Y tras la conclusión formal de la misa, fuimos en paz a compartir el almuerzo llevado desde Santiago bajo la sombra de los pinos al sur del templo.
Nada más que hacer, tomamos la ruta de regreso, con tiempo suficiente para volver al fútbol y ver perder a Brasil por sexta vez. El Santo Cristo de los Milagros no concedió la petición de victoria. Otras indulgencias, al parecer, eran más necesarias y urgentes.
