Por Johanna Benoit
Recordando aquellos años en aquel hogar de mi amado y querido campito crecí escuchando las canciones de grandes artistas dominicanos y extranjeros, intérpretes que conquistaban corazones con la belleza de sus letras y la calidad de su música.
Cada fin de semana la radio se encendía y los casetes comenzaban a girar para deleitar hasta el oído más exigente.
En aquella casa solo había espacio para el merengue y la música típica de letras cuidadas, esas que invitaban a cantar, a bailar y a sentir orgullo por nuestras raíces.
Durante los veranos, cuando los abuelos recibían con alegría a sus nietos y nietas, se improvisaba una enramada donde los mayores nos enseñaban nuestros primeros pasos de baile.
Allí sonaban las voces de Fernando Villalona, Héctor Acosta, Los Hermanos Rosario, Milly Quezada, Eddy Herrera, Sergio Vargas, Benny Sadel, Alex Bueno, Rubby Pérez, Toño Rosario y Ramón Orlando.
Hay voces que trascienden el tiempo porque no solo interpretan canciones, sino que también acompañan los momentos más entrañables de nuestras vidas.
Son melodías que se convierten en parte de la historia de una familia, de un pueblo y de un país.
Hoy, con nostalgia y gratitud, evocamos a una de esas voces que marcó a varias generaciones.
En ese recital permanente de música dominicana, las canciones de Alex Bueno ocupaban un lugar especial.
En ese rancho viejo donde se congregaba la familia, que hoy solo vive en la memoria, se cantaron y bailaron una y otra vez canciones que marcaron una época.
“Colegiala”, “Que vuelva”, “Jardín Prohibido”, “Qué cara más bonita”, “Amor divino”, “Me muero por ella” y “Adonde vayas” fueron parte de los temas de aquellos fines de semana en los que la radio y los casetes reunían a la familia.
La inconfundible voz de Alex Bueno llenaba cada rincón de aquel hogar humilde, convirtiendo cada melodía en un recuerdo imborrable que el tiempo no ha podido borrar.
Su voz, inconfundible y llena de sentimiento, conquistó generaciones enteras y se convirtió en la banda sonora de incontables recuerdos.
Desde sus inicios, supo ganarse el cariño del pueblo con su talento, su carisma y su pasión por la buena música, consolidándose como una de las voces más representativas de la República Dominicana.
Su legado permanecerá vivo en la memoria colectiva de quienes crecimos cantando sus éxitos, celebrando la vida y abrazando nuestras tradiciones al ritmo de sus interpretaciones.
Porque hay artistas que nunca dejan de sonar en el corazón de su pueblo.
Gracias por regalarnos tu música, por enriquecer nuestro merengue, nuestras baladas bachatas y por convertir cada canción en un recuerdo imborrable.
Mientras exista alguien dispuesto a cantar tus letras, tu voz seguirá viviendo entre nosotros, recordándonos que la verdadera grandeza nunca se apaga.