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¿Para qué sirve FITUR, más allá de la foto?

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Por Heliana Medina

Cada enero, cuando vemos a República Dominicana desplegar su stand en FITUR, reaparece la misma duda: ¿realmente vale la pena invertir tanto dinero en una feria de turismo? ¿No sería mejor usar esos recursos “en cosas más urgentes”? La pregunta es válida, pero la respuesta exige mirar un poco más allá del titular.

FITUR no es solo una feria bonita en Madrid ni un paseo institucional. Para República Dominicana, es una estrategia de posicionamiento y negocios. Dicho en sencillo: es ir a donde están los que deciden, los que invierten y los que mueven millones de turistas cada año. Porque el turismo no llega solo, ni por casualidad, ni porque seamos simpáticos. Llega porque hay trabajo previo, acuerdos y mucha negociación detrás.

Para entender por qué FITUR importa, basta recordar el peso real del turismo en nuestra economía. Según publicó El País en 2025, el turismo es uno de los pilares económicos del país, al punto de ser considerado el “petróleo” de la economía dominicana. Y no es una frase exagerada para adornar discursos. En números claros, el turismo aporta alrededor del 15 % del Producto Interno Bruto y genera más de un millón de empleos directos e indirectos. Con estas cifras, ¿de verdad alguien cree que el turismo se puede manejar con improvisación?

FITUR, la Feria Internacional de Turismo, es uno de los principales puntos de encuentro del sector turístico mundial. Cada año reúne a miles de empresas, destinos, aerolíneas, turoperadores e inversionistas. En esta edición 2026 participaron más de 10,000 empresas de 161 países y asistieron cerca de 250,000 visitantes. No es una feria local ni regional; es un mercado global concentrado en pocos días.

Para República Dominicana, FITUR funciona como una gran vitrina, sí, pero sobre todo como una mesa de negocios. Allí se fortalecen relaciones con mercados clave, se abren nuevas rutas aéreas, se negocian inversiones hoteleras y se presentan proyectos que luego se traducen en empleos, infraestructura y crecimiento económico. Eso no se logra desde una oficina enviando correos.

Además, FITUR ha servido para algo muy importante: dejar claro que República Dominicana no es solo sol y playa. Aunque ese seguirá siendo nuestro principal atractivo, el país ha ido mostrando una oferta más diversa: turismo cultural, deportivo, de naturaleza y propuestas más sostenibles. En un mundo donde los viajeros buscan experiencias distintas, diversificar no es un lujo, es una necesidad.

No se trata de decir que FITUR es perfecto o que todo lo que se anuncia allí se materializa de inmediato. Tampoco de vender la idea de que una feria lo resuelve todo. Pero sí de reconocer que, en términos de retorno, pocas acciones de promoción país ofrecen resultados tan concretos. Incluso la ciudad anfitriona, Madrid, reporta impactos económicos superiores a los 500 millones de euros durante cada edición.

También hay que entender que FITUR no es sólo promoción, es diplomacia económica. Es el espacio donde el país se sienta a hablar de tú a tú con grandes jugadores del turismo mundial. Donde se construye confianza, algo que no se mide en estadísticas inmediatas, pero que pesa mucho cuando llega el momento de invertir.

Entonces, la próxima vez que alguien pregunte si vale la pena ir a FITUR, quizás habría que devolver la pregunta: ¿cuánto costaría no estar? ¿Cuántas oportunidades se perderían por no ocupar ese espacio? En un país donde el turismo sostiene buena parte de la economía, quedarse fuera no parece una opción muy inteligente.

Dicho esto, es importante hacer una precisión: reconocer el valor estratégico de participar en FITUR no implica avalar excesos ni gastos innecesarios. La presencia del país no tiene que medirse por tener el stand más grande, puede y debe hacerse con mesura, priorizando el contenido, los resultados y la efectividad por encima de la ostentación.

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