El legado de Franklin Domínguez

Por Marilyn Ventura 

No hay ninguna duda de que Franklin Domínguez deja un legado invaluable al teatro y a las artes dominicanas. 

Su vida y obra nos inspiran a continuar trabajando con el mismo compromiso que siempre mostró durante décadas en el arte de las tablas.

Un gran maestro, quien fue director de Bellas Artes en tres períodos: 1981, 1996-1999 y 2008-2014, hoy deja para siempre el mundo terrenal.

Abogado de formación y miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua, cultivó una prolífica carrera en las artes y la cultura, que lo convirtió en una de las figuras más completas de su generación. 

Desde el año 2000 dirigió el Grupo de Teatro BanReservas, llevando montajes educativos y patrióticos a distintas comunidades del país. 

También fue autor y director de "La silla" (1963), un retrato crítico de la tiranía de Trujillo considerado por muchos como la primera película de largometraje dominicano. 

Su entrega a la formación de actores y su incansable labor en favor de la cultura lo consagraron como una de las glorias del arte dominicano.

Franklin, ilustre dramaturgo, actor y productor por siempre será referente indiscutible del teatro nacional.

Nacido en Santiago de los Caballeros, el 5 de junio de 1931, Domínguez fue parte de la primera generación de graduandos de la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde compartió con otras figuras de la talla de Máximo Avilés Blonda, bajo la dirección del profesor Emilio Aparicio.

Domínguez inició en el teatro de la mano de su hermano Héctor Domínguez, convirtiéndose luego en actor, director, maestro y productor, hasta consagrarse como una de las leyendas del arte escénico dominicano.

Con más de 80 obras escritas y representadas en escenarios de Europa, América y Asia, entre ellas "Los borrachos", "La broma del senador", "Duarte entre los niños y Hostos: el hombre que anhelaba una patria", su legado teatral marcó generaciones y trascendió fronteras.